Continuando con las ciudades españolas en las que nunca había estado antes, en esta entrada quiero mostrar algunas fotos de los días que estuve en Tarragona. Una ciudad con más de 1000 años de historia, que durante el imperio romano tuvo una gran importancia. Agradable y tranquila, no es muy bulliciosa vayamos en la época que vayamos. Así que, por tanto, si queremos disfrutar de una bonita ciudad sin mucho agobio de turistas, esta es uno de los mejores ejemplos.
Básicamente, podría dividir la ciudad en tres partes o niveles, claramente diferenciadas con diferentes alturas:
- La parte alta o casco antiguo, rodeada con una bien conservada muralla, encerrando la catedral
- La rambla nova y sus calles aledañas, desde la Plaza imperial hasta el balcón del Mediterráneo
- Y la zona baja, con la playa y toda la zona portuaria
Por toda la ciudad es bastante cómodo y fácil movernos andando, exceptuándo algunas cuestas, en especial, para pasar de un nivel a otro, aunque hay un paso, donde han colocado unas escaleras mecánicas al aire libre.
Y si vamos con días de sobra, podremos explorar algunos de los pueblos o lugares de alrededor, bien mediante líneas de buses o para tener más independencia en coche. Por mencionar algunos, podremos visitar el Castell de Tamarit o el acueducto o puente del diablo, este último con un agradable paseo por el pinar donde se encuentra.
En la parte más alta la catedral, que aunque desde la fachada frontal, podría aparentar algo más pequeña que otras y no tan impresionantes, cuando entramos dentro, la hemos visto desde alrededor y la vemos desde las afueras coronando la colina, nos asombrará bastante, o por lo menos es lo que a mí me pareció. Como ya casi todas, el acceso no es gratuito, si no recuerdo mal, son unos 5 €, pero nos darán una audioguía, y una vez dentro podemos disfrutar de su interior todo lo que queramos.
Una vez visitada la catedral, lo mejor es perderse y recorrer las callejuelas del casco histórico, tranquilamente, descubriendo sitios como el siguiente arco gótico, en la zona del barrio judio.
De los romanos, quedaron bastantes restos, y muchos otros que seguro que si se excava un poco, aparecen. El más destacado, el reconstruido anfiteatro romano, donde aprovechan para celebrar distintos espectáculos, los restos del circo romano y la torre romana, que aunque su interior está vacio, salvo alguna exposición temporal, si subimos hasta arriba del todo, podremos disfrutar de unas esplendidas vistas 360º.
Por último, si tenemos y queremos darnos una caminata por todo el espigón del puerto, de unos 5-6 km, podemos llegar hasta el Far de la Banya, que estuvo en la punta que lleva su nombre, y ahora pertenece al museo del puerto. Pero es un faro curioso y pintoresco de ver, pareciendo una especie de nave espacial a punto de despegar.














